
Aún sigo anclado al sur de tu ombligo
allá donde encontré la libertad,
la guerrilla donde enrolarme contigo
en noches de guerra y días de paz.
Sigo anclado a tus labios insurgentes
que no dan tregua, pero si redención,
atrincherado clandestinamente
al dulce exilio de tu habitación.
Nos unen las ideas, la rebeldía,
el seguir soñando con la utopía,
las justificadas ganas de matar.
Nos une una atracción inevitable,
porque los dos somos tan culpables
de no habernos dejado domesticar.
Aitor Cuervo
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