En boca de un poeta:

Canto de amor a Stalingrado

Honor a ti por lo que el aire trae,
lo que se ha de cantar y lo cantado,
honor para tus madres y tus hijos
y tus nietos, Stalingrado.
Honor al combatiente de la bruma,
honor al Comisario y al soldado,
honor al cielo detrás de tu luna,
honor al sol de Stalingrado.


viernes, 29 de noviembre de 2013

Otra de tantas historias silenciadas y una anécdota del Durruti

Otra de tantas historias silenciadas y una anécdota del Durruti:

Hoy fui a hacer la compra, en las puertas del supermercado había un chico muy joven pidiendo caridad, una dramática escena por desgracia muy habitual en el sistema capitalista a la que estamos tan acostumbrados que muchas veces ya ni nos inmutamos de la magnitud de la tragedia.

Al entrar al establecimiento le he saludado y le he dicho que a la salida me fumaba un cigarro con él, me ha dedicado una sonrisa, le he guiñado un ojo.

No tengo por costumbre dar limosna, porque la caridad me parece algo humillante que, como decía Galeano, se ejerce verticalmente y desde arriba. Cuando me encuentro con alguien mendigando a las puertas de un supermercado suelo intentar expropiar un paquetillo de esos de chorizo, lomo, salchichón o algo así que no abulte mucho para entregárselo luego al compañero en desfavorecida situación, pues me parece que esta es la forma más justa de echar un cable a quien lo solicita. También suelo dejar algunos cigarrillos a quienes fuman, y sé que esto ya es vicio, pero como fumador entiendo que a veces apetece más un cigarrillo que ninguna otra cosa.

He hecho las compras e intentando expropiar un paquete de embutido, pero el segurata no paraba de echarme el ojo y he preferido evitar que me pillaran, ya que una tontería de esta índole te puede suponer un juicio de esos rápidos y una sanción de 120 pavos pa´ arriba, hablo con conocimiento de causa.

Al no disponer del embutido esta vez he hecho una excepción y le he dejado un eurillo al compadre, ya que me causó bastante empatía al entrar al establecimiento comercial. Le he ofrecido un pitillo y me he prendido otro. Ahí me he quedado con él unos minutejos hablando. Decir que hace un frío de la ostia, andaremos a cosa de 2 o 3 grados y la sensación térmica es aún inferior, pues imagínense al compadre ahí echando la tarde y congelándose vivo pa´ sacar unas monedillas pa´ sobrevivir, un drama, inmerecido del todo.

El compa me ha contado que con el invento este de la crisis lo perdió todo, apenas roza la treintena de años, y tan joven se ha visto obligado a recurrir a la mendicidad y a pernoctar con las estrellas como único techo muchas noches, pues algunos días puede dormir en un albergue y tal, pero otros muchos tiene que echar al raso con unas heladas que andan cayendo que pueden ser mortales de necesidad, pues ya recuerdo a un par de "sin techo" que nunca más se despertaron tras una noche de frío siberiano como las que ahora transitamos. Víctimas del sistema, muertes que se podían haber evitado, tantas y tantas historias silenciadas. También me ha confirmado algo que yo sospechaba, pues me dijo que la gente humilde y los trabajadores eran los únicos que se portaban, que la peña de clase social alta, que va de etiqueta y con perfume fino no dejan una perra chica, ná de ná.

Acabando ya el conversar le he contado una simpática anécdota del Durruti, pues resulta que andaba el anarquista leonés sentando en un café cuando se le acercó un vagabundo/pobre a pedir dinero por caridad, entonces Durruti sacó su pistola y la puso con un fuerte golpe en la mesa y le dijo: "Ahí tienes un banco". Curiosamente enfrente del supermercado hay un banco, en la misma acera otros dos. El compañero ha entendido a la perfección la metáfora y me ha dedicado una gran sonrisa, luego me ha dicho que él no se atrevería a llevar a cabo una acción así, a lo que le he respondido que si lo hiciese sería algo completamente legítimo y más que justificado. Su sonrisa cada vez era mayor y más afable. Tras esto hemos seguido hablando, mejor dicho despotricando contra esta puta mierda de sistema y este puta mierda de estado, que no hay que dejar a uno respirando, que hay que recuperar el mundo que nos han robado y todas esas conversaciones y sangrantes palabras que emanan rabia más que justificada y que son de un tiempo a esta parte el pan nuestro de cada día.

Tenía que irme ya, me hubiera quedado otro rato de buen gusto con el compa, al despedirnos le he dado la mano y él la ha cogido y me ha estrechado en un sentido abrazo, ha estado bonico, cosas así te llenan más que todos los lujos materiales.

Acabando ya sólo quiero comentar una cosa como detalle, el compa hoy dormirá en la calle, encima del supermercado donde anda ejerciendo la mendicidad el compañero había varios pisos vacíos, con letreros de “se vende” o “se alquila”, pero el compañero tendrá que dormir al raso con temperaturas por debajo de los cero grados.

Aitor Cuervo

1 comentario:

  1. Poca gente "se rebaja" a tratar como a personas a sus iguales caídos en desgracia. Poca gente quiere entender que son sus iguales, y muchos de ellos solo ofrecen caridad y por un temor interno a verse algún día igual.

    Saludos.

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