En boca de un poeta:

Canto de amor a Stalingrado

Honor a ti por lo que el aire trae,
lo que se ha de cantar y lo cantado,
honor para tus madres y tus hijos
y tus nietos, Stalingrado.
Honor al combatiente de la bruma,
honor al Comisario y al soldado,
honor al cielo detrás de tu luna,
honor al sol de Stalingrado.


lunes, 1 de agosto de 2011

La imaginación al poder



“Si pudiera volver allí, hay si pudiera, si ya no reconozco ni el parque lo devoró todo la hormigonera.”

Ismael Serrano.


La imaginación al poder:

Lunes, primer día de Agosto, me levanto a mediodía con las cuencas de los ojos repletas de legañas, hubo sueños apacibles que me inundaron mientras dormía, esbozo un amago de sonrisa. Subo la persiana, desolación como cada día, no hay niños en el parque y la plaza vacía Quiero recordar y recuerdo los noventa que me vieron crecer, y recuerdo el parque, el barrio siempre lleno de chavales, éramos manada o jauría vete tú a saber, ahora en esos lugares donde yo jugaba no hay nadie, y no es que no haya habido un relevo generacional, que lo ha habido, es que los niños de hoy ya no juegan en las calles, son náufragos de la etapa más bonita de su vida, olvidaron la imaginación.

Quiero recordar y recuerdo como en aquellos noventa el mundo era nuestro, los chavales por aquel entonces no teníamos ordenadores, ni móviles, ni redes sociales… pero teníamos la imaginación y unas ganas desmesuradas de apurar hasta el último cartucho de tiempo creciendo en las calles, los hogares nos aburrían, eran celdas en las que permanecer refunfuñando hasta que con el levantamiento del toque de queda podíamos volver a la calle, al viejo parque a crecer, a soñar, a jugar.

Quiero y recordar y recuerdo como unas simples y ajadas caja de cartón se convertían en una casa, una casa efímera eso sí, que duraba esa mañana y esa tarde hasta que pasaba el camión de la basura y habíamos de devolver esas cajas reconvertidas en casa para que siguieran su curso natural. Recuerdo como los descampados del barrio eran mundos descomunales donde siempre había algo nuevo por descubrir, a día de hoy no existen siquiera, fueron devorados por la jungla de asfalto. Aquellos mundos descomunales son hoy bloques de viviendas y zonas comerciales, nada queda de ellos y cada vez menos de una infancia en peligro de extinguirse.

Quiero y recordar y recuerdo a muchos de los que compartieron conmigo fatigas y travesuras y a veces me pregunto si ellos se olvidarían también de la imaginación, y no sé ni quiero responderme.

Quiero recordar y recuerdo las canicas, las chapas, el escondite, los partidillos eternos de fútbol en el jardín, las bromas, la risa, la inocencia, los primeros besos, el sudor, los golpes, los puntos de sutura… y el barrio, siempre lleno de chavales, de esto nada queda en el barrio.

Los chavales de hoy en día no tiempo para soñar y mucho menos para imaginar, y esto hace que me compadezca de ellos, no tendrán opción de pasar una niñez como la mía, tan bonita, tan libre, tan fugaz.

Los chavales de hoy en día no disfrutan de las calles, del extrarradio, de la naturaleza, no descubrieron que no hay nada mejor que la imaginación al poder y se olvidaron de todo, se olvidaron incluso de que eran niños.

Los chavales de hoy en día tienen avanzados ordenadores y redes (anti)sociales, tienen móviles y blackberrys, tienen iphones y playstation 3.Tienen todos los elementos que ésta alienada sociedad logró imponer en nombre del desarrollo, elementos que dinamitaron a la imaginación y que nos demuestran cada día más que bajo los adoquines ya no queda arena de playa.

Los chavales de hoy en día están siempre conectados, siempre chateando y siempre a través de una pantalla se olvidaron de que el contacto más bonito se da en las calles, en los parques, en los barrios, se me olvidaron de crecer libres, se olvidaron de que eran niños, se olvidaron.

Es ya la hora de comer y en toda la mañana y como siempre en los últimos años no he visto a un solo niño en el parque y quiero recordar y recuerdo que éramos manada o jauría vete tú a saber y me entristezco…

No queda nada, no hay chavales, la jungla de asfalto devoró los descampados y con ellos gran parte de mis recuerdos, las cajas de cartón son simples cajas de cartón, no hay canicas ni chapas, ni risa ni inocencia ni sudor ni puntos de sutura, no hay nada, murió la imaginación y con ella la arena de los sueños, la infancia, esa infancia que tuve pero que a agigantados pasos me obligan a olvidar. Pero en mi caso queda la imaginación y la imaginación al poder y la certeza de que ésta nunca me abandonará, aunque me tachen de loco o de iluso o de visionario. Quizás es lo que me mantiene vivo o lo que hace que en parte siga siendo un niño, la imaginación, y esto nunca cambiará.

Y aunque me invada la tristeza imagino e imagino e imagino y quiero y recuerdo aquellos noventa, las calles, el barrio, el parque, la jauría o manada de chavales que crecíamos libres portando a la imaginación como bandera, y esta vez esbozo una sonrisa, otra, aunque leve.

Aitor Cuervo Taboada

6 comentarios:

  1. Me uno a tu sonrisa en recuerdo a aquella infancia que dejamos atrás... :D

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  2. Precioso y como ya he dicho, me has hecho recordar a mis tiempos de juegos al elástico, a la comba(siempre de cascarilla porque era malísima) al guiso... Esos juegos que ya no se ven. Me ha encantado

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  3. Ya nada queda.

    Gracias Aitor, precioso y desgarrador.

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  4. Qué pena.. ojalá pudiera volver a todo esto ahora!!

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  5. Cada vez más lejos del sitio de mi recreo y ya desterrado del Este del Edén.

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  6. Y el recuerdo de esos momentos que vivíamos ayer nos desgarra muy adentro pero nos da la vida a la vez (porque sabemos que más vida que aquello nunca vamos a tener)
    Grandes palabaras todas las que hacen referencia a la infancia, época de sueños e ilusiones que no se escapan tan rápido como las que vivimos ahora.
    Un saludo

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