
y el mundo detenido...
Se detuvo el mundo y nos besamos
y entonces no hubo dioses ni amos,
tampoco existieron tribunos ni reyes.
Esa noche hicimos la Revolución,
nos doctoramos juntos en pasión,
dictando salvajes y húmedas leyes.
Muy poco dormimos y al despertar
leyes del pecado para desayunar
por combatir a la helada vigente,
y de tanto frío hicimos poesía,
nuestra calor, la dulce sintonía
de dos siendo uno solamente.
Y entre caladas de risa y excesos
nos comíamos enteros a besos,
solos tú y yo, y el mundo detenido,
aquel frío cuarto fue suite nupcial,
donde hicimos arte de lo carnal
al eterno compás de un gemido.
Aitor Cuervo Taboada








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